El chaval, acabo su cerveza y se fue
a su hotel, y mis camareras se quedaron desconsoladas.
Al día siguiente nuestro adonis
nórdico volvió, y mas de lo mismo los clientes en la barra y en las mesas que
no daban al cristal sin atender, tuve que poner un poco de orden. Pero en
cuanto solo quedamos los españoles en la barra, las camareras pegaron otra vez
sus caras al cristal.
Y otra vez el nórdico se acabo su
cerveza y se fue.
Al día siguiente las camareras
tuvieron suerte, la mayoría de los clientes vinieron pronto a cenar y a eso de
las 22:00 horas en el bar solo estábamos los españoles en la barra arreglando
el mundo.
Y como los dos días anteriores
apareció el nórdico y se fue al restaurante de al lado.
Pero esta vez Mimi, no estaba
dispuesta a que su Adonis nórdico se le escapase y ni corta ni perezosa se
encamino al restaurante de al lado cogio al nórdico del brazo y lo trajo arrastrándolo
a mi restaurante le saco una cerveza Chang y le dijo, tu de aquí no te vas
hasta las doce.
El chaval encantado, cerveza gratis, y seguramente en cuanto Mimi acabase el trabajo se fumarían un par de pitillos, espero
religiosamente hasta las doce. Y aquí me hubiese gustado poner lo de mañana
continuamos, pero se me de alguno que se acordaría de mi, así que continuo.
Cerramos el bar Mimi enganchada al
brazo del nórdico (para que no se lo quite ninguna otra) se lo lleva hasta su
moto, se montan los dos y se van.
Al día siguiente Mimi vino a
trabajar a su hora como era habitual en ella, sus compañeras en cuanto llego le
dijeron que fuese a la cocina y allí se fueron todas, se escuchaba la voz de
Mimi y de vez en cuando las risas de sus compañeras en coro.
No se de que estaban hablando,
porque no entiendo Thai pero me lo imagino, y por lo larga y las risas de sus
compañeras mientras Mimi les hablaba,
para mi que se fumo 3 o 4 pitillos esa noche con el nórdico, cosa bastante
probable en un joven de unos 18, 1,85 cm, cachas y guaperas.
Y aquí otra vez podría acabar la
historia, pero no, nos falta el marido.
El marido de Mimi transcurridos los
tres meses en Alemania.
Lo primero que hizo fue pasar por el
restaurante y preguntarme ¿Bosco, mi mujer ha venido a trabajar todos los días
y ha llegado a la hora?
A lo que le conteste que si, que había
sido como siempre una trabajadora ejemplar, e incluso mas, que robaba clientes
del restaurante de al lado par traerlos al mío.
No repregunto nada de nórdicos
Adonis y otros sucedáneos, así que me libre de tener que dar explicaciones, del tipo; hombre que yo sepa solo una vez, pero el chaval merecía la pena, o con ese me
hubiese ido yo también, etc…
Y a las doce cuando acabo el trabajo
salio en busca de su moto aferrada fuertemente al brazo de su marido, para que ninguna
pelandusca de las que hay por Patong se lo
llevase.
Y aquí si que acaba esta historia.
Fin, The End, Ende


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